En un rincón plateado de la Luna vivía Sparky, un pequeño robot con una cabeza de cúpula de cristal y una bufanda roja brillante. Una noche, mientras limpiaba cráteres, encontró algo inusual: una pequeña estrella que había caído del cielo. La estrellita titilaba con debilidad, tiritando de frío sobre el polvo lunar. Sparky la tomó con cuidado entre sus manos metálicas y sintió un suave calorcito. 'No te preocupes, pequeña amiga', susurró Sparky. 'Te llevaré de vuelta a casa'. Con determinación, el pequeño robot decidió que cruzaría el vacío del espacio para que su nueva amiga pudiera brillar de nuevo junto a sus hermanas en lo más alto del firmamento.