close
Ilustración

Había una vez en el Gran Bosque una ardilla pequeña de pelaje naranja brillante con una bufanda verde de rayas blancas y una cola muy esponjosa llamada Nico. Nico era muy curioso y siempre buscaba tesoros entre las hojas secas de los árboles. Una mañana de otoño, mientras saltaba con agilidad entre las ramas de un roble centenario, divisó algo que brillaba con una intensidad inusual. No era una bellota común; era una nuez de oro puro que emitía un suave zumbido musical. Con mucho cuidado, Nico la tomó entre sus patitas, sintiendo un calorcito agradable que le recorría todo el cuerpo, como si la nuez estuviera viva.