Había una vez un pequeño conejo blanco con una bufanda roja tejida llamado Copito, que vivía en una madriguera acogedora al borde de un gran prado. Copito era muy curioso y cada mañana salía a explorar los alrededores en busca de nuevas aventuras. Un día, mientras saltaba cerca del arroyo cristalino, notó algo extraño que sobresalía de la tierra húmeda: unas hojas verdes y brillantes que parecían emitir una luz dorada bajo el sol.