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Ilustración

Luna, una osita astronauta de pelaje blanco con una bufanda roja brillante, caminaba por el cráter plateado de la Luna. De pronto, vio algo que brillaba intensamente entre las rocas frías. Era una pequeña estrella dorada que tiritaba de frío. '¡Oh, no! Te has caído del cielo', exclamó Luna preocupada. Con mucho cuidado, la tomó entre sus patitas afelpadas. La estrella no quemaba; se sentía cálida como un abrazo de mamá. Luna sabía que debía ayudarla a regresar a casa antes de que su luz se apagara para siempre. Miró hacia el inmenso cielo oscuro y buscó el rincón vacío de donde la pequeña amiga se había desprendido.