En lo profundo de una cueva de cristal vivía Chispa, una pequeña dragona de escamas violetas y alas de cristal brillante. Un día, tras una pila de rocas brillantes, encontró un espejo antiguo con un marco de plata tallada. Al soplar el polvo, el espejo comenzó a zumbar con una melodía suave. Chispa nunca había visto nada igual. Su reflejo no mostraba la cueva, sino un cielo lleno de nubes de colores y luceros que bailaban. Curiosa, acercó su patita al cristal frío y sintió un cosquilleo eléctrico que recorrió todo su cuerpo.