Había una vez un pequeño dragón de color verde esmeralda con escamas brillantes y una bufanda de lana roja llamado Pip. Pip vivía en una cueva acogedora, pero siempre se sentía un poco triste porque, a diferencia de sus hermanos, no podía escupir ni una pequeña chispa de fuego. Un día, mientras caminaba por el bosque encantado, encontró una piedra cristalina que brillaba con una luz azul intensa. Al tocarla con su pequeña garra, la piedra comenzó a vibrar y a emitir un sonido melodioso, como si estuviera despertando de un largo sueño.