Luna vivía en una madriguera llena de mapas estelares y telescopios de madera. Ella no quería zanahorias comunes; soñaba con probar el legendario polvo de estrellas que iluminaba las noches. Un martes por la mañana, Luna terminó de ajustar las tuercas de su nave espacial hecha de cartón brillante y motores de esperanza. '¡Hoy es el día!', exclamó mientras se ajustaba su traje con determinación.