Había una vez una coneja llamada Lila, una pequeña coneja blanca con una bufanda de lana roja. Una mañana, mientras buscaba tréboles dulces, encontró un sendero de flores transparentes que tintineaban suavemente con el viento. Curiosa y valiente, Lila decidió seguir el rastro que se internaba en lo más profundo y desconocido del bosque verde.