Leo era un niño aventurero que soñaba con las estrellas. Cada noche, se ponía su traje de astronauta blanco con rayas naranjas y un casco de cristal reluciente. Una noche, mientras observaba por su telescopio, notó que su alfombra de juegos comenzó a flotar. Sin pensarlo dos veces, Leo subió a bordo y, de repente, las paredes de su cuarto se transformaron en un cielo infinito lleno de constelaciones brillantes.