Había una vez un pequeño zorro naranja con una bufanda verde brillante y ojos grandes y curiosos llamado Finnegan. Finnegan vivía en un bosque donde los árboles eran tan altos que parecían tocar el cielo, pero él siempre miraba mucho más arriba. Mientras sus hermanos jugaban a perseguir mariposas, él pasaba horas observando el brillo de las constelaciones. Su mayor deseo era conocer el espacio y descubrir de qué estaban hechas las luces del firmamento. 'Algún día, llegaré hasta allí', se prometía a sí mismo cada noche antes de cerrar sus grandes ojos bajo el resplandor plateado de la luna llena.