Barnaby, un pequeño conejo de pelaje lavanda con una bufanda de rayas naranjas, caminaba por el bosque cuando encontró una madriguera secreta que emitía un brillo inusual. Al entrar, sus ojos brillaron de emoción. Ante él se extendía un jardín oculto donde las plantas no eran verdes, sino de colores neón que pulsaban suavemente en la penumbra. Era un lugar donde la magia parecía flotar en el aire como pequeñas luciérnagas de colores.