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Ilustración

Leo vivía en un satélite pequeño y gris, un lugar donde nunca pasaba nada emocionante. Mientras los otros robots se encargaban de limpiar el polvo espacial y organizar rocas, Leo pasaba las horas mirando hacia arriba, admirando las luces lejanas y parpadeantes. 'Algún día estaré allí arriba, flotando entre los colores', pensaba con esperanza. Aunque sus circuitos estaban diseñados para tareas simples, su curiosidad era más grande que cualquier planeta conocido. Leo sabía que el universo era demasiado hermoso para solo verlo desde la distancia.