Había una vez un pequeño dragón verde esmeralda con alas de cristal brillante llamado Spark. Spark no vivía en una cueva oscura, sino en un nido mullido hecho de nubes blancas en lo más alto de la Montaña Flotante. Sus alas tintineaban como campanitas cada vez que las movía, reflejando todos los colores del arcoíris bajo la luz del sol. Aunque era pequeño, Spark tenía un gran sueño: quería aprender a iluminar el cielo nocturno como lo hacían los grandes dragones de la leyenda. Cada tarde, esperaba ansioso a que el sol se ocultara detrás del horizonte para practicar sus pequeños destellos de luz, soñando con el día en que su magia fuera lo suficientemente fuerte para tocar las estrellas.