Barnaby era un pequeño conejo de pelaje lavanda con una bufanda de rayas rojas y blancas que vivía en el Bosque de los Susurros. Un día, mientras buscaba tréboles dulces, encontró una pequeña puerta de madera tallada escondida entre las raíces de un roble milenario. Al empujarla suavemente, una luz dorada y cálida lo envolvió por completo, invitándolo a entrar en un mundo que ningún otro conejo había visto jamás.