En un rincón lejano de la galaxia vivía Sparky, un pequeño robot de antenas plateadas y un corazón verde brillante. Su hogar era un satélite pequeño y reluciente donde se encargaba de limpiar el polvo cósmico para que las estrellas brillaran con fuerza. Sparky era feliz, pero a veces se sentía un poco solo mirando el inmenso vacío oscuro que lo rodeaba, soñando con tener un amigo con quien compartir sus descubrimientos espaciales.