Había una vez un pequeño zorro de pelaje naranja brillante con una bufanda verde esmeralda y ojos grandes y curiosos llamado Oliver. Oliver vivía en un bosque muy tranquilo, pero siempre miraba hacia arriba con asombro. Mientras los otros zorros buscaban bayas o jugaban en el lodo, él pasaba las noches soñando con alcanzar las luces que parpadeaban en el cielo infinito. Una noche de verano, vio una estrella que parecía estar más cerca que las demás, brillando con un tono plateado que lo invitaba a seguirla.