Había una vez un pequeño robot plateado con ojos redondos y brillantes de color azul y una pequeña antena con una luz roja en la punta llamado Cosmo. Cosmo vivía en una luna de cristal y soñaba con tocar una estrella. Un día, ajustó sus tuercas, subió a su nave de cartón brillante y despegó hacia el cielo infinito, dejando atrás un rastro de chispas plateadas que iluminaban la oscuridad del cosmos.