En un planeta hecho enteramente de metal y tornillos, vivía Cobre. Cobre era un pequeño robot de color cobre con ojos circulares que brillan en azul y una antena con una pequeña hoja verde en la punta. Un día, mientras buscaba piezas viejas entre la chatarra, encontró algo asombroso: una pequeña semilla atrapada entre dos engranajes oxidados. Nunca había visto algo vivo, pero sintió que era un tesoro especial. Con mucho cuidado, la recogió y decidió que debía protegerla.