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Ilustración

Había una vez, en un rincón olvidado del universo, una pequeña robot plateada con una antena de estrella llamada Luna. Ella vivía sola en una luna de color violeta que brillaba con luz propia. Cada noche, Luna se sentaba en el borde de un gran cráter a observar las galaxias lejanas, preguntándose si habría alguien más allá de su pequeño hogar silencioso. Sus pies metálicos hacían un suave tintineo al caminar sobre el polvo lunar, y su antena parpadeaba rítmicamente como una luciérnaga. A pesar de tener todo el espacio para ella, Luna sentía que le faltaba algo: un amigo con quien compartir la belleza de los cometas que pasaban de vez en cuando como fuegos artificiales de colores.