Había una vez un pequeño dragón verde con escamas brillantes y una bufanda roja de lana llamado Pip. Pip vivía en una cueva muy acogedora al pie de la montaña. Una noche, mientras buscaba bayas dulces cerca del río, vio algo que brillaba con una luz plateada entre los arbustos. Al acercarse, descubrió una vara de madera fina que soltaba pequeñas chispas de colores. '¡Es una varita mágica!', exclamó Pip con asombro. Al tocarla, sintió un cosquilleo en sus garras y notó que la Luna, allá arriba en el cielo, parecía estar un poco más triste y oscura que de costumbre.