En la ciudad de Metalurgia vivía Tuercas, un pequeño robot plateado con ojos redondos y brillantes de color azul y una antena con una punta roja. A Tuercas no le gustaba fabricar tornillos en la gran fábrica; él prefería observar por la ventana a los niños que jugaban al fútbol en el parque cercano. Cada vez que el balón rodaba por el césped, sus circuitos se emocionaban y su antena brillaba con una luz intensa. Soñaba con correr tan rápido como los humanos y sentir la emoción de anotar un gol bajo el sol de la tarde.