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Ilustración

Había una vez un pequeño dragón de escamas violetas y alas de cristal brillante llamado Orión. A diferencia de sus hermanos, Orión no podía lanzar fuego, solo pequeñas burbujas de jabón que flotaban suavemente en el aire. Se sentía un poco triste mientras veía a los demás dragones calentar el desayuno con grandes llamaradas. 'No te preocupes', le decía siempre su mamá, 'cada fuego tiene su propio momento para nacer'. Un día, decidido a encontrar su verdadera llama, Orión emprendió un viaje hacia la lejana Montaña de Cristal.