Había una vez un pequeño conejo de color lavanda con una bufanda de rayas verdes y blancas llamado Toby. Toby vivía en un valle donde todo era pequeño y tranquilo. Un día, mientras saltaba cerca del río de cristal, encontró una semilla dorada y brillante que nunca antes había visto. Era tan grande como su propia pata y emitía un suave resplandor. Toby, con mucha curiosidad, decidió que esa semilla era un tesoro especial y que debía plantarla en su jardín secreto. Con mucho cuidado, la llevó a casa entre sus patitas, imaginando qué clase de flor o planta brotaría de aquel misterioso regalo de la naturaleza.