En una ciudad de metal gris, vivía Roco, un pequeño robot de cobre con grandes ojos verdes brillantes. Roco amaba las cosas pequeñas y brillantes, pero lo que más deseaba era encontrar algo que creciera de verdad. Un día, escondida entre dos vigas de acero oxidado, encontró algo asombroso: una semilla de color dorado. '¡Una semilla!', exclamó Roco con un pitido de alegría. Decidió en ese momento que buscaría el mejor lugar del mundo para plantarla, lejos del humo y el ruido de las grandes fábricas. Guardó su tesoro con mucho cuidado en un compartimento cerca de su pecho y comenzó su gran aventura hacia el horizonte.