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Ilustración

Milo, un conejito naranja con orejas largas y caídas, que siempre lleva un pañuelo de cuadros azules atado al cuello, se sentía un poco solo. Desde su madriguera, veía a los pájaros cantar y a las mariposas revolotear. "¡Quisiera tener un amigo con quien jugar!", pensó. Milo era un conejito muy dulce, pero a veces le daba un poquito de vergüenza acercarse a los demás. Sus orejas se caían un poco más cuando sentía esa timidez. Hoy, decidió que sería diferente. Hoy, iba a buscar un amigo. Miró a su alrededor, viendo si había alguien que también pareciera querer jugar.