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Ilustración

Había una vez una pequeña coneja blanca con una capa violeta de estrellas llamada Luna. Un día, mientras paseaba por el Bosque de los Susurros, encontró algo que brillaba intensamente bajo un arbusto de moras. Era una varita de cristal que desprendía chispas doradas. Luna la tomó con curiosidad y, al agitarla suavemente por el aire, un pequeño arcoíris apareció de la nada, iluminando todo el sendero con colores vibrantes.