Había una vez un pequeño zorro naranja con un traje espacial plateado y una bufanda verde brillante llamado Leo. Leo vivía en un planeta de arena suave donde las noches eran tan oscuras que las estrellas parecían diamantes al alcance de la mano. Cada noche, Leo se sentaba en la duna más alta y suspiraba. —Me gustaría tener una estrella amiga —decía con voz dulce—. Una que ilumine mi camino cuando el sol se vaya a dormir. Sus orejas picudas se movían con cada deseo, y su bufanda verde ondeaba suavemente con la brisa nocturna. Aunque era pequeño, sus sueños eran más grandes que cualquier galaxia conocida. Miraba el firmamento esperando una señal, soñando con surcar el mar de tinta negra que cubría su mundo cada tarde.