Había una vez un niño explorador con una gorra de aviador marrón y una capa de estrellas llamado Leo. En el jardín de su casa, Leo encontró una caja enorme. Con un poco de pegamento, pintura plateada y mucha imaginación, la convirtió en una nave espacial. '¡Hoy llegaré hasta la Luna!', exclamó el niño explorador con una gorra de aviador marrón y una capa de estrellas. Se sentó dentro de su cabina, ajustó sus gafas y comenzó la cuenta regresiva: tres, dos, uno... ¡despegue! De repente, el suelo se alejó y el cielo se volvió de un azul profundo y brillante.