Había una vez un pequeño búho llamado Pip. Pip era especial: tenía plumas plateadas que brillaban suavemente en la penumbra y unos ojos amarillos enormes y curiosos. A diferencia de los otros búhos del Bosque Susurrante, Pip le tenía miedo a la oscuridad. Mientras sus amigos cazaban polillas, él se quedaba acurrucado en el hueco de su viejo roble, deseando que el sol nunca se pusiera. 'La noche es demasiado grande y negra', suspiraba Pip, escondiendo su piquito bajo el ala. Su mamá siempre le decía que la noche guardaba tesoros escondidos, pero Pip no estaba tan seguro de querer salir a buscarlos solo.