Había una vez un pequeño dragón de color turquesa con alas brillantes de color lavanda llamado Draco. Draco vivía en una cueva muy oscura al pie de una gran montaña, pero todas las noches salía para observar el cielo. Mientras los demás dragones dormían, él soñaba con alcanzar esos puntos brillantes que decoraban el firmamento. 'Si pudiera atrapar una estrella', pensaba Draco con ilusión, 'mi cueva nunca más volvería a estar triste y oscura'. Sus amigos le decían que el espacio estaba demasiado lejos, pero su corazón le dictaba que debía intentarlo. Una noche de luna llena, Draco respiró hondo, estiró sus extremidades y decidió que era el momento perfecto para emprender su viaje hacia lo más alto del universo.